Dalí en el Museo Reina Sofía. Conclusiones.

dalijovenmirada

Leer la reflexión del director del MNCARS, Manuel Borja-Villel sobre las exposiciones populistas en los museos en la última publicación de Carta, se convierte en rareza tras ver la exposición de Dalí del Reina Sofía. Te hace preguntarte varias cosas; si está o no en contra Borja-Villel de estas exposiciones, si le preocupan entonces las cifras, o si tiene alguna propuesta alternativa a este modelo populista tan aplaudido para los que lo cuantitativo y no lo cualitativo, es lo que importa. Porque aunque hace entrever que este no es el modelo que le gusta, no he leído una alternativa a ello.

Lo curioso de todo esto, es que al ser una exposición que ha llamado -y sigue llamando- a una cantidad ingente de público, -no hay día que no se agoten las entradas con horas de antelación- a día de hoy no he leído una sola crítica real de la susodicha exposición. No hace tanto escribí que la crítica de arte ya no existía. En este caso, fue la conclusión de una búsqueda exhaustiva de artículos sobre exposiciones de este mismo museo, que trasladé a una carta más detallada para el ingreso en el máster de Periodismo Cultural que comenzaré en octubre, pero el cierre era el mismo. No hay crítica de arte. Lo que me he encontrado a lo largo de estos últimos años –y hablo de los artículos en la prensa más destacada- son escritos, que en mayor o menor medida se dedican a recitar las palabras del comisario o del director de tal o cual museo, sin ahondar o poner en cuestión tales afirmaciones. No sé si esto pasa porque no hay profesionales en el sector, o porque sale más barato comprar a la agencia EFE –por ejemplo– una noticia con las cuatro características que vienen dadas por los responsables de la exposición que contratar a un profesional que valore esa información que se le da.

¿A quién no le interesa la crítica de arte? ¿A los medios que patrocinan las mismas exposiciones o a los responsables de los centros expositivos que quieren venderlo? Sea como fuere, la crítica ha muerto y ha sido sustituida por una recopilación de noticias de periodistas generalistas que como mucho la contextualizan con diferentes datos del autor o del museo. Servilistas, patrocinadores o mandados. En los artículos no se nota mucho la diferencia.

Y es que,  ¿Quién se atrevería, en su sano juicio, decir que la exposición en sí no tiene la categoría que debería tener una exposición en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía? ¿Quién en su sano juicio, diría que le avergüenza que profesionales del sector hayan consentido que una exposición cuya lectura es cronológica tenga la entrada por el final de la misma? Yo me atrevo, pero no sé si eso es estar en mi sano juicio.

La trampa radica en que el público se siente tan embelesado por Dalí, que no llegan a ser conscientes de si están en una sala o en otra, de si lo están viendo cronológicamente, o temáticamente, o solamente por la forma geométrica del marco. El público en general no se lo plantea, disfruta con la obra y se van a casa felices. Pero hasta donde yo sé, uno de los objetivos de un museo es educar[1], parte que creo sinceramente que no está bien planteada en esta exposición y que concretamente en esta, por ser así de populista, es realmente importante. Cuando tienes una exposición que sabes que va a atraer al público, el objetivo no debería ser hacer sólo números y contentarse por la repercusión en la prensa, el objetivo debería ser coger a ese público y hacerles ser conscientes de que, primero: la mayoría de obras que están viendo de Dalí pertenecen al propio Museo Reina Sofía, por lo que si les gusta Dalí, siempre pueden volver a contemplarlo; segundo: darles una pequeña formación de porqué Dalí, porqué el surrealismo, porqué en ese museo. No sólo se educa, sino que se consigue al mismo tiempo el efecto que los obsesivos de los números buscan: que el visitante vuelva y sigan subiendo esos números a lo largo del tiempo.

Pero como ya he dicho, creo que el montaje museográfico de la exposición deja mucho que desear. Empieza con la entrada por la sala 4, y puesto que no es el principio ni de la exposición ni de la sala, no hay textos descriptivos de dónde estamos, qué vemos o dónde tenemos que mirar. La primera sensación es de haberse perdido algo, haber hecho algo incorrecto o no estar donde debes estar. Es Dalí y es fantástico, pero se necesita algo más que eso. Lo mismo pasa al cambiar de salas, donde la señalización es precaria y si te quieres orientar tienes que acudir a un auxiliar de sala para que te dé las indicaciones precisas, ya que es difícil orientarse correctamente uno solo.

Creo que es al pasar de la sala cuatro a la sala tres –no estoy segura de la numeración- dónde el rótulo que introduce la sala (que haberlos haylos, pero escondidos) está situado en mitad de la pared del pasillo entre las dos estancias. Una cosa es que el texto no impida o afecte a la visión de la obra y otra es jugar al ratón y al gato para encontrarlo. No incita a ser leído un texto descontextualizado, y por ende uno vuelve a perderse cuando entra en la nueva sala.

Eso es básicamente lo que ha hecho que la exposición no me parezca que esté a la altura de un museo de esta categoría. En cuanto a obras expuestas merece la pena ir a ver la exposición. Particularmente, el hecho de poder visionar las películas me ha encantado y gracias a esas instalaciones fantásticas del museo, están perfectamente situadas. Ver una sala así llena de gente es un placer, y reconozco que me encantaría haber sido testigo de la reacción de un público ajeno a esta cinematografía, contemplando la primera escena de Un chien andalou.

Un-Chien-Andalou-ojo

Link directo a la película pinchado en la imagen

Son obras que merecen la pena ver, es un montaje que debe ser criticado, son horas de colas que no sé si merecen la pena esperar. ¿Por qué? Porque como dije la mayoría de las obras son del propio museo, así que cuando acabe la exposición se podrán seguir viendo. ¿Qué hace pues que siga habiendo esas colas y colas de gente? Yo estoy segura de que eso es gracias a la publicidad que se le está dando. Que el grupo Prisa sea Media Partner, siempre ayuda. ¿Eso es malo? No, realmente. Que la gente quiera ir a ver un artista que sienten como suyo y que para eso vayan a un museo cuando no suelen entrar en ninguno, siempre es bueno. ¿Lo criticable? Que exposiciones mejores no tengan esa publicidad y que el único que salga fascinado de la exposición, sea el que no tiene interés de nuevo en ver a ningún otro artista a corto plazo.

La exposición termina el 2 de septiembre y ya han dicho que no la van a alargar, pero que puede que amplíen horarios. Sacien pues, ustedes que pueden, su apetito de masas este verano, que estoy segura de que les quedarán unos preciosos números cuando llegue el invierno.

———————-


[1] «Son museos las instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben para fines de estudio, educación y contemplación conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural»

http://www.mcu.es/museos/CE/MuseosEstatales/Introduccion.html

Advertisements

4 responses to “Dalí en el Museo Reina Sofía. Conclusiones.

  1. Buenas!

    Me parece interesante tu punto de vista, puesto que es algo que yo también he constatado. La crítica de arte se divide entre los que hacen la pelota cuando les gusta la exposición y los que se salen por la tangente cuando la muestra es infumable.

    Nunca verás una crítica feroz, ni siquiera una duda razonable sobre aspectos expositivos, nada de eso se tiene en cuenta porque al periodista que se atreva a hacerlo, ya sabe dónde tiene la puerta.

    Por otra parte, no sé hasta qué punto este tipo de exposiciones que se compran casi como por catálogo (venía después de otro éxito semejante en el Pompidou) lastran la calidad de la misma. Se está mercantilizando todo de tal manera que cuando te llega una exposición buena como la de Giacometti en la Fundación Mapfre, nadie se da cuenta de lo que vale y lo que no.

    Disculpa por haberme extendido tanto. Un saludo.

    • Supongo que así se constata eso de “no muerdas la mano que te da de comer” pero me debato entre que es muy triste o que simplemente no hay lo que hay que tener para defender lo que uno cree y entiende.

      Respecto a la mercantilización es efectivamente así. Realmente no creo que llegado a este punto a alguien le importe el arte en sí, sino el beneficio que puede sacar con él, sea o no de calidad.

      En fin, aquí los humildes que no podemos morder la mano que nos da de comer, porque sencillamente nadie nos está alimentando seguiremos criticando, aunque la repercusión sea de trapillo.

      Gracias por comentar 😉

    • Pues no creo que sea ningún tipo de sandez, a lo sumo una opinión con la que no estás de acuerdo.

      Llegué a esa conclusión tras revisar todas la prensa de 2008 a 2012 sobre varias exposiciones del MNCARS. Hay críticos que sí me parecieron que leerles merecía la pena, como Elena Vozmediano, pero aún así vi un gran vacío y se fue confirmando cada vez que lo comentaba con distintas personas.

      Quizá no es que no exista, pero desde luego agoniza o no pasa por sus mejores momentos en los últimos años. No creo que exista una estructura fuerte en este aspecto.

      Pero como digo, esa es mi conclusión.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s