“Si soy capaz de reír es porque todavía me queda esperanza”

Entrevista a Pepe Viyuela: 

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Pepe Viyuela, más conocido por el gran público por su personaje de Chema en la exitosa serie ‘Aída’, nos habla de sus otras facetas como actor y de la importancia del humor en todos los aspectos de la vida. La entrevista tiene lugar antes de una de sus representaciones teatrales de la obra “El baile”, con la que está inmerso ahora mismo. Le interrumpo a medias de repasar el texto con sus compañeros de escena. Transmite serenidad y fuerza, una persona con los pies en la tierra que conoce lo que es el trabajo duro. Pasamos al camerino. Unos zapatos, un reloj sobre la mesa, una silla. Un lugar espartano que nos envuelve durante el tiempo que dura la entrevista.

Licenciado en filosofía. Actor de televisión, cine, teatro. Humorista, y tienes cinco libros publicados de poesía, ¿poeta también?

No me llamaría poeta, digamos más bien que escribo poesía. Tener publicadas cosas tampoco significa que tú seas un gran poeta. Cuando sales en televisión a la gente le puede parecer atractivo comprar un libro tuyo, no por su calidad sino por la curiosidad que provoca que sea de tal actor. No considero que por tener cosas publicadas a mí me otorgue ya la categoría de poeta. Me parece que los poetas son personas que se dedican a la poesía de forma más concienzuda, con más tiempo. Yo no tengo tiempo. Me encanta, me gusta mucho y ojalá pudiera dedicarle más tiempo, pero es que tengo otra pasión que es el teatro y es a eso a lo que me dedico.

Es el teatro lo que más te quita tiempo entonces.

Sí, pero más que quitar, es en lo que más tiempo empleo. No creo que el teatro me quite, considero que el teatro me da más de lo que yo le puedo dar a él. Me regala momentos maravillosos, experiencia, conocimiento. A mí el teatro me parece que es lo mejor a lo que yo me he podido dedicar.

¿Cuánto tiempo llevas dedicándote al teatro?

Depende. Si lo consideramos desde el momento que empiezo a hacer teatro, unos 35 años. En el instituto, cuando te reúnes con los amigos por las tardes para hacer obras. Profesionalmente llevo unos 25 años. La mitad de mi vida haciendo teatro profesional y otros 10 años haciendo teatro amateur. Es lo que sé hacer, no sé hacer otra cosa.

¿Qué podrías decir sobre la obra que haces ahora, sobre ‘El baile’?

Pues podría decir muchas cosas porque me parece que, aunque aparentemente pueda parecer una comedia frívola, no lo es. Es una comedia con un contenido grande de reflexiones y momentos no sólo para la comedia, sino también para la emoción. Es una comedia que habla del paso del tiempo y de cómo nos afecta ese paso del tiempo como seres humanos. Lo que acaba arrasando, lo que se va llevando inevitablemente, como nuestra lozanía, juventud, salud y hacia dónde nos lleva también, con esos otros elementos del ser humano que no se tienen porqué corromper con el paso del tiempo, como es es el afecto entre la gente, la amistad, el amor o el cariño. Todo son elementos que si son grandes, si son puros, pueden durar mucho más allá de lo que el tiempo nos da para vivir. Se quedan flotando, pendientes de un gran amor, proyectando más allá de sí mismos una gran amistad. Una vez que los dos protagonistas, amigos, probablemente hayan desaparecido, ese halo de amistad perdurará en todos los que les conocieron.

Todo esto lo hace “El baile”, hablar de todos estos temas tan profundos desde un plano de aparente superficialidad, es decir, plantea una situación determinada, que puede parecer muy frívola, incluso traída por los pelos como puede ser una relación a tres. Tres personas, dos hombres y una mujer, en la cual los dos hombres aman a la misma mujer y a la vez son amigos. Eso que en la vida real lleva al enfrentamiento, a los celos, al crimen pasional o por lo menos al desencuentro, aquí son elementos que están presentes, pero que son a la vez superados por la generosidad, el afecto y el cariño.

Es difícil que se dé esa situación armónica en la realidad.

No sé si en la realidad es posible pero en el teatro sí. En el teatro es posible todo lo que podamos y queramos imaginar. El teatro no es sólo para reproducir la realidad sino para crear otras posibles realidades, para apostar para lanzar envites al espectador o a nosotros mismos, para que reflexionemos sobre lo que somos, sobre lo que nos constituye como seres humanos y sobre cómo nos gustaría ser.

¿Crees que esos temas difíciles, como son las relaciones humanas, en clave de humor son más fáciles de tratar?

(Saca una nariz roja de la nada y la mirada se pierde por un momento mientras la pasea de un lado a otro de sus manos. Recordando quizás, esos años y vivencias como payaso que lleva interpretando tantos años.)

Yo creo que el humor facilita las cosas para todo. En el teatro y en la vida. El sentido del humor es una de las herramientas más útiles que poseemos. Además el sentido del humor se desarrolla, no es algo que uno nazca con ello. Todos podemos desarrollar esa capacidad de mirar las cosas desde otro punto de vista. Yo creo que fundamentalmente el sentido del humor nace de la flexibilidad, de la capacidad que tenemos para relativizar lo que somos, lo que nos pasa, las afrentas que uno pueda sufrir o los golpes que te pueda dar la vida. Creo que el sentido del humor es un amortiguador también para el sufrimiento y que ayuda en los peores momentos. No es algo que se pueda o se deba disfrutar solo en los momentos de bonanza sino que es quizás cuando peor estás, cuando tirar del humor  te puede llegar a salvar. Hablo de la muerte de alguien o de un desamor; afrontar esos golpes con sentido del humor, no solamente minimiza el poder destructivo de aquello que te ataca, sino que te ayuda a reconstruirte y a mirarlo todo de otra manera. Es un sentido, el del humor, que está poco explotado por el ser humano y que creo que somos muy poco conscientes del valor que tiene y de la capacidad que tendríamos con él para ayudar a vivir y a relacionarnos.

¿Es por esa creencia de que el humor nos ayuda a superar las malas situaciones por lo que has estado relacionado con la organización “Payasos sin fronteras”?

En realidad es Payasos sin fronteras quien me ha enseñado estas cosas, donde yo he podido hacer estas reflexiones, porque cuando viajas a sitios tan duros y complicados como los que tenemos ocasión de visitar con payasos sin fronteras (Ha viajado a lugares como Bagdad, Kosovo, Palestina…) te das cuenta del valor del sentido del humor.

Hay una pregunta recurrente sobre estos viajes; ¿No puede llegar a ser incluso ofensivo que te vayas a una guerra con una nariz de payaso y te pongas a hacer esas cosas en mitad del sufrimiento, de la tragedia? Pero la respuesta es no. Yo también me hacía esa pregunta, ¿Esto servirá para algo? ¿Qué sentido tiene hacer un espectáculo de este tipo donde hace unas semanas alguien ha muerto, o han violado a tu mujer, o han caído bombas? Pero tiene muchísimo sentido, más incluso del que puede tenerlo cuando la situación es normal. Es en los momentos de crisis cuando el sentido del humor sirve como un gran salvavidas, es un flotador que ayuda a no hundirse del todo y eso es porque te permite mirar hacia delante con esperanza. Yo creo que la reflexión inmediata aunque no la verbalices es la de: “Si soy capaz de reír en un momento tan duro como este es porque todavía me queda esperanza. Porque todavía pienso que las cosas van a mejorar, que al final del túnel hay una luz hacia la que yo puedo ir, que no se acaba aquí”. El sentido del humor, el chiste en un momento de debilidad o de especial dureza es como dar una patada en el fondo en el que estás para empezar a subir. Tiene un gran valor terapéutico.

Como el valor terapéutico de la risa en el teatro.

Sí, efectivamente, por ahí va.

Cuando sales a escena, ¿tienes alguna manía o superstición antes de salir?

No. Creo que ya tenemos bastantes cadenas y ataduras como para ponernos nosotros más. Pienso que el ser humano tiene la tendencia a la superstición porque ese pensamiento mágico, de creer que hay fuerzas sobrenaturales que pueden enfadarse con nosotros si no hacemos determinadas cosas, o que algo nos va a servir de ayuda gracias a esa superstición, es una cadena, es un pensamiento mítico con el que hay que acabar. Si uno trabaja, las cosas salen bien. Imagínate que no has ensayado y que tienes que salir a escena y dices “voy a tocar madera”, eso no va a hacer que te salgan bien las cosas. Te saldrán bien si has ensayado, si te lo has tomado en serio, es decir, no recurramos a la brujería para salvarnos, recurramos al trabajo bien hecho, al compromiso, a la disciplina. En esas cosas sí que creo, esas cosas son mi superstición. Yo creo que si tengo un proyecto por delante lo que tengo que hacer es trabajar desde el primer día, tomármelo en serio, hacer las gestiones que tenga que hacer. Es como si dices: “Voy a poner una vela a un santo para no ponerme enfermo” pero mientras tanto me dedico a fumar, a beber, a comer grasas, a no cuidarme nada y luego dices “Qué malo es este santo”, pues no, eres tú que no te has sabido cuidar absolutamente nada.

En todos los aspectos de la vida yo creo que la superstición más que ayudar lo que hace es encadenarnos y si salgo a escena y no sale algo bien ese día no pienso que es porque no he entrado con el pie derecho, pienso que es porque no me he concentrado bien en el escenario. No quiero caer en ese tipo de pensamiento, pues me parece que es un pensamiento basura que te estorba, más que ayudarte.

En cuanto al trabajo bien hecho, se te ha visto reconocido ganando el premio ondas en 2013, en este caso por tu personaje de Chema en la serie ‘Aída’ en televisión. Concretamente por “tu capacidad de gran actor, que demuestra que a través del humor se puede llegar a expresar todos los matices de un personaje complejo y al mismo tiempo adaptarlo al ambiente en el que vive como tendero de Esperanza Sur

Gran actor, es lo que decían. Los premios están muy bien, pero hay que creérselo lo justo. El premio Ondas me ha hecho mucha ilusión y ha supuesto, más que un, por mi parte, creer que es un reconocimiento a lo que ya he hecho, como un estímulo para seguir trabajando más, para seguir pensando que hay que hacer las cosas mejor todavía. (El premio) Es como una especie de marca; “Hasta aquí no ha estado mal pero ahora tiene que estar mejor todavía, ahora hay que merecerse este premio”. El premio o cualquier premio intento tomármelo siempre como un trampolín. Esto me tiene que dar más energía, más ganas de hacer esto que estoy haciendo y apostar más en lo que hago. Pero más allá de eso tienes que tener cuidado con estas cosas porque pueden alargar la vanidad y en eso yo creo que tiende a relajarte. A decir “Bueno, pues ya me han dado un premio, qué bien”. Pero yo creo que un premio tiene que imprimir todavía mayor compromiso a lo que haces. Igual que cuando recibes una mala crítica tampoco tienes que pensar que ahí se acaba tu carrera, con un premio tampoco debes sentirse como si ya lo tuvieras todo hecho.

Voy a decirte algunas palabras para que me digas lo que te venga primero a la mente:

Un, dos, tres, responda otra vez – Un hito en la historia de mi trabajo, en mi carrera. Me acuerdo muchas veces, porque yo lo veía desde que era pequeño y desde entonces no ha estado de dejar presente en mi vida. Todo el mundo me lo recuerda. Yo creo que ha marcado un hito en la historia de España y el hecho de haber pasado por él, a mí también me ha impreso un sello. Es uno de esos recuerdos bonitos que guardo.

Cultura – Cultura es aire, es el oxígeno. Sin ella nos perdemos como individuos y como sociedad, nos vamos al garete. Nos convertiríamos de nuevo en animales.  Es lo que nos salva de la brutalidad, de la negrura que tenemos dentro los seres humanos, es lo que nos purifica.

Comedia – La comedia es el salvavidas de lo social. Lo que aligera ese peso que llevamos todos por el hecho de ser seres humanos, de vivir, de sufrir, de tener constantemente enfrentamientos. Lo que nos permite reírnos de nosotros mismos, aligerar la vida y hacerla más soportable.

Artes escénicas – Lo que más me gusta hacer. Sobre todo el teatro.

Entretenimiento– El entretenimiento es necesario y está ligado ahora lamentablemente a lo que ha intentado colgarnos este gobierno de una forma despectiva a la gente que nos dedicamos a la cultura. Diciendo que “esta gente no hace cultura, lo que hace es entretenimiento”, entonces para mí, que el entretenimiento siempre me ha parecido muy sano, me sucede ahora que cada vez que oigo la palabra entretenimiento me pregunto, ¿seré solo un entretenedor o tendré algo que ver con el mundo de la cultura?. Lo veo como algo fundamental también para el ser humano, necesitamos entretenernos y estar animados ante lo que estamos haciendo. Es necesario el entretenimiento, lo que pasa es que hay un entretenimiento peligroso que es el entretenimiento que despista, el banal, el que no permite tener la visión y la concentración puesta en lo que es importante. Ese entretenimiento me parece nefasto, el que se construye y se crea especialmente para adormecer o para despistar a la ciudadanía. De ese entretenimiento aborrezco totalmente.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Seguir haciendo teatro, todo el que pueda. Con ‘El baile’ tenemos este año ocupado, y probablemente abordemos una comedia de Aristófanes para el verano, pero todavía está sin confirmar, aún no hay fechas. En cuanto a teatro nada más. En febrero termino la televisión y me gustaría seguir haciéndola, pero de momento estaré un tiempo en la reserva, más tranquilo, descansando y esperando algún proyecto que me apetezca o que surja.

Una última pregunta: ¿Qué secreto le dirías a la gente como fórmula para reírse de la vida en estos malos tiempos?

Yo diría que no se esfuercen mucho en buscar el chiste o la gracia en lo que nos pasa, que viene solo , que tenemos un instinto de supervivencia tan grande y una capacidad para sobreponernos que va a venir solo. Creo que cuando uno busca reírse de lo que está pasando a lo mejor no lo consigue, que hay que estar relajados, mirarse bien y nada más. Si uno se mira bien encuentra el chiste enseguida, porque tenemos tantas cosas censurables, tantas cosas de las que reírnos que no hay que poner especial atención en ninguna. Yo diría que tranquilidad, calma absoluta y que nos relajemos que los chistes vienen solos, solamente hay que esperar a que pasen para poder verlos.

 

A pesar de no ser supersticioso le deseo “mucha mierda” apenas una hora antes de comenzar la obra, y lo agradece con una gran sonrisa que recuerda a sus personajes humorísticos y contrasta con la personalidad seria y comprometida que transmite con sus palabras y su tono de voz. Un payaso de los que dignifican la profesión.

 

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