ARCOmadrid no te quiere.

Arco no te quiere.

Sí, a ti. ¿Y quién eres tú? La gran mayoría.

ARCO, la Feria Internacional de ARte COntemporáneo no te quiere. Ni a ti ni a mí en realidad. Supéralo, son los nuevos tiempos. ARCO ha dejado de ser aquella fiesta de la democracia que atraía tanto a políticos como a personajes de la farándula para convertirse -con sigilo aunque sin perder el rumbo que se había marcado desde que Rosina Gómez Baeza abandonó el barco- en una feria de arte, que es exactamente lo que es.

A los galeristas de ARCO no les importa que te guste o que te enfade un vaso medio lleno de agua (¿o medio vacío?), a los galeristas les importa que los coleccionistas compren ese vaso y que su artista sea reconocido internacionalmente. No es una crítica. A Amancio Ortega también le importa que te compres cuatro chaquetas de Zara y no que disfrutes paseando por la tienda mientras solamente miras, y no veo que te lleves las manos a la cabeza por ello.

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Va a cumplir 36 años y ya ha pasado muchas crisis de identidad.

A finales de los años 70 nacen dos ferias que van a ser paradigma de dos modelos diferentes de entender estas ferias de arte contemporáneo: ART de Basilea, fundamentada en la idea de ser una exposición-didáctica y FIAC ligada más a la idea de exposición-mercado. ARCO, la primera feria de arte española nace en 1982, en el mismo tiempo y lugar de ese movimiento tan cultural y estupendo como fue “La movida” y en un ambiente social y político que demandaba posicionar a España a la altura de sus compatriotas europeos, es decir, en la modernidad.

Tras el periodo de dictadura, y a pesar de los humildes intentos de hacer pintura vanguardista con el mismo lenguaje del resto de Europa, España no se encontraba a la altura de sus vecinos en cuanto a arte contemporáneo o mercado del arte se refiere – que no os asustéis, pero va muy unido- de ahí el nacimiento de ARCO.

Entre los objetivos de este primer ARCO estaban: “fomentar el incipiente mercado del arte, servir de enlace cultural entre España y el resto de Europa, así como entre España y Latinoamérica, mostrar las últimas tendencias artísticas y ser foco de difusión de la cultura” (VVAA. 2006:24). No es de extrañar, por lo tanto, que en un lugar y un tiempo en el que ni siquiera existía una estructura museística que lo sustentase –recordemos que El Guernica era un recién llegado al Museo del Prado y que al Centro de Arte Reina Sofía aún le quedaban unos años para ser inaugurado– un evento como una feria de Arte Contemporáneo con proyección universal fuese acogido como un hijo deseado que parecía nunca llegar.

ARCO no es aquello, es esto, aunque tiene ARCO Kids.

La creación de un mercado artístico y la divulgación del arte contemporáneo fueron de la mano durante muchos años en España a raíz de ARCO, y aunque se intenta articular de la misma forma, está claro que ya no van tan de la mano. El niño deseado (ARCO) ya ha crecido y quiere su independencia. Acepta sus orígenes pero no quiere seguir siendo la fiesta del arte del estado español.

En 2005 comienza un debate sobre el modelo de feria, qué somos, qué queremos ser, y a pesar de que la directora Rosina Gómez-Baeza sigue defendiendo una feria didáctica y expositiva, reconoce que el propio mercado le hace virar la feria hacia una mayor especialización, una mayor calidad y mayor proyección internacional. ¿En qué se traduce para nosotros, acá el resto de los mortales?- Pues entre otras cosas, en la subida del precio de las entradas. Si pedimos calidad de puertas para dentro, pedimos calidad de puertas para fuera.

Ese fue el inicio, solamente. El año 2007 llega con una nueva dirección a cargo de Lourdes Fernández que quiere afianzar la internacionalización de la feria, y le acompaña (a la feria, no a Fernández) un desenfreno de dinero que lo traduciremos como ‘Burbuja del arte’, con nombre propio ya en 2008: Damien Hirst (apoyado por Lehman Brothers, pero eso es otra historia –esta concretamente-). Además se suma a eso: Política. Institución. Crisis. Peleas. Años malos –aunque apasionantes- que vamos a dejar para volver a lo que hoy en día vuelve a ser ARCOmadrid (¿Habéis visto? Hay un añadido en el nombre) con un nuevo director de orquesta: Carlos Urroz ‘El conciliador’ –eso lo digo yo- ¿Por qué? Porque concilia, media, entre el público y los galeristas, entre los galeristas e Ifema. Con un objetivo claro de especialización de la feria, con un giro definitivo hacia América Latina (Hola Argentina), pero sin olvidar a la gente -acá de nuevo restos de los mortales-. Sí, es posible que la feria ya no sea todo lo pedagógica –o casi nada- que Gómez-Baeza quería que fuera, pero también es posible que ya no haga falta.

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ArcoKids -DKV

La pedagogía, hoy, la guardamos en los museos.

Ellos han madurado, pero nosotros también, debemos afrontar que el mercado del arte es eso mismo, mercado. La estructura museística está a día de hoy afianzada en España y ahí es donde podemos ver arte con un discurso pedagógico detrás, formarnos en el gusto, o empaparnos de conocimiento. Se puede ver arte en ARCOmadrid, claro, pero no es una exposición.

A los artistas, así como los galeristas, les gusta comer y vivir del arte, que para eso se dedican a ello. Sé que esto provoca desazón y que no os creéis que a Velázquez le interesase más otros asuntos de estado que le reportaban más categoría y beneficios que pintar, pero quizás es hora de quitarse la venda de los ojos y acercarse a esta parte del arte que va de la mano con su génesis. Porque a veces, el arte no es sólo por el amor al arte, aunque tienes que amarlo para dedicarte a él.

Que la prensa siga anunciando ARCO como la fiesta de todos, sólo es el ectoplasma que queda una vez pasa el fantasma. Pero de cierta manera sigue formando parte de nosotros, de nuestras raíces democráticas y de nuestro reflejo de modernidad.

A lo mejor ARCOmadrid no te quiere, pero a lo mejor nosotros le queremos igual. O a lo mejor sí que nos quiere, -pero no en masa, ni chillones- y me tengo que replantear el título de este artículo.

Beatriz CBG

[ARCOmadrid: 10 años de análisis] – Beatriz C. Bravo García

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